Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida

Esta devoción (“estilo de vida”) es la herencia que el Fundador nos ha dejado:

“No tengo ni oro ni plata, pero os doy lo que tengo: a Jesucristo camino, verdad y vida”.


Es la síntesis de la personalidad completa del paulino: “En nuestro Instituto tiene auténtica y recta personalidad quien vive integralmente el ideal paulino, según su estado y aptitudes”.
"Para la Familia Paulina Jesucristo es el Maestro, en Él está la clave y el fin de toda la historia humana"
“La Familia Paulina tiene una sola espiritualidad: vivir integralmente el evangelio; vivir del Divino Maestro...”
“Aspira a vivir integralmente el evangelio de Jesucristo, camino, verdad y vida, en el espíritu de san Pablo, bajo la mirada de la Reina de los Apóstoles”. “Este es el gran secreto de la vida espiritual: configuración con el Divino Maestro. Aquí está la fuente, el camino y la corona de nuestra vitalidad y expansión”.

Es un principio inspirador indispensable:
Para intuir e introducirnos en la circulación de amor de la Trinidad;
Para comprendernos a nosotros mismos;
Para comprender la función primaria de la comunidad en su camino de formación, en base al modelo de Comunidad trinitaria: C
omunidad de amor, comunidad de interacción-comunidad liberadora.
Dios se expresa y se manifiesta como “Amor” porque es trinitario. Cristo Maestro revela la Trinidad:

- Como Verdad nos revela al Padre;
- Como Camino se manifiesta a sí mismo en cuanto Hijo y Palabra del Padre;
- Como Vida, nos revela la relación de amor entre el Padre y el Hijo, que es el Espíritu.
Nosotros hemos sido creados a imagen de Dios; somos nosotros mismos “trinidad”; pero a causa del pecado, somos una “trinidad fallida”, aun permaneciendo, por el designio original de Dios, como “trinidad encarnada”.

El P. Alberione hace suya esta expresión de Dubois.

Mente, voluntad y corazón – las tres “dimensiones” de nuestro ser, que antes del pecado eran felizmente reconducidas a la unidad de la persona – están con frecuencia en contraste dentro del hombre; “El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago... ¿Quién me librará de este ser mío presa de la muerte? (Rom.) 7,19 –24).
La redención es el trabajo de reconstrucción que Dios lleva a cabo a través de Cristo, en esta imagen interior suya que es el hombre. Pero es un trabajo de reconstrucción que parte de lo profundo: Cristo, por medio de su Espíritu, se convierte en el principio unificador de nuestras “dimensiones”:
a) como Verdad, ilumina nuestra mente para que se uniforme con el Padre y viva su fidelidad;
b) en cuanto Camino, guía nuestra voluntad a fin de que sea conforme al Hijo, cuyo único deseo era cumplir la voluntad del Padre, para que, como él, también nosotros lleguemos a ser “palabra del Padre”;
c) como Vida, calienta e inflama nuestro corazón, para un “ágape” con los hermanos y para una armonía consigo mismo.

“Toda la vida paulina debe injertarse en Jesús Maestro, camino, verdad y vida.... Conformar la vida a Jesús Maestro, no es un simple consejo, es la esencia de la Congregación; es ser o no ser paulinos”
La cristología trinitaria parte de la vida de comunión que debe reflejarse también en la vida comunitaria. Cada comunidad debería, pues, reflejar en su ser y en su actuar la vida de la Trinidad:
a) vida de amor en sentido vertical y horizontal: buscar el uno el bien del otro, como el Padre para el Hijo;
b) se vive en común para que el individuo halle en la comunidad el lugar adecuado para co–edificar y madurar espiritual y apostólicamente; ser palabra de Dios y transparencia suya como el Hijo;
c) en la medida en que vivamos en comunión con Dios y caminemos en su Espíritu, estaremos en comunión con los hermanos: vivir el amor que libera y la comunión en el Espíritu Santo:

También D. Bruno Forte hace su lectura teológica del principio inspirador del P. Alberione y de su espiritualidad, a partir de Jesucristo comino, verdad y vida. En cuanto camino, verdad y vida, Jesús se hace contemporáneo.
Cristo entra en la dinámica de la historia, precisamente bajo el aspecto que más necesita el hombre de hoy. “Si queréis el problema de la contemporaneidad de Cristo no es otro que el de salvar lo que Lessing, un iluminista alemán, llamaba el “horrible foso” que nos separa de Cristo”. Entonces, ¿cómo lograr que quien vivió a tanta distancia de siglos, sea hoy el Maestro, el camino, la verdad y la vida? Y ¿cómo conseguir que Cristo sea el que vive en mí? ¡Este es también el interrogante del P. Alberione! Es más: el anhelo de su vida se puede compendiar en la expresión paulina – que el P. Alberione cita ¡nada menos que 150 veces! –de Gál, 2,20: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. ¿Cómo actualizar hoy esta expresión paulina? ¿Cómo realizar este encuentro y conseguir que el hombre de hoy pueda vivir la experiencia de Cristo?
a) Los caminos de Dios son numerosos porque el Espíritu sopla donde quiere. Pero existen unos lugares privilegiados donde Jesús se hace para nosotros Verdad: la Palabra de Dios como la trasmite la Iglesia. Los signos de los tiempos y la necesidad y el testimonio del amor.
b) La acción del Espíritu no es controlable. Sin embargo, hay unos lugares privilegiados en los que el Espíritu hace presente, contemporáneo del hombre, a Jesús libre y liberador, Camino hacia el Padre: la comunidad de salvación, la Iglesia, y la praxis de liberación del hombre, abierta explícita o implícitamente al reino futuro de Dios.
c) El Espíritu puede suscitar y de hecho suscita formas continuamente nuevas para hacer contemporáneo a Cristo Vida y comunicador de vida. Pero es posible distinguir dos lugares privilegiados en los que el Señor vivo y vivificador se hace presente en nuestro hoy: los sacramentos de la Iglesia y la experiencia del dolor humano.
La relectura pascual de la historia de la conciencia, de la libertad y de la finitud de Jesús de Nazaret, muestra, pues, que él es el profeta escatológico, revelador del Padre; el rey – siervo, liberador del mundo; el sacerdote de la nueva y eterna alianza, vencedor de la muerte y vivificador: la verdad, el camino y la vida. Sólo por Cristo, vamos en el espíritu al Padre y sólo por él el Padre viene en el Espíritu a nosotros. Sólo en clave trinitaria logrará la Familia Paulina encontrar su identidad.
Actualizar y realizar este mensaje en el presente de la historia y lograr que Cristo sea hoy, en nuestro presente, nuestra experiencia, es decir, el camino, la verdad y la vida, equivale para el P. Alberione a asentarse totalmente en Jesús Camino, voluntad nuestra, Verdad, nuestra mente, y Vida, nuestro sentimiento
Este es, pues, el anhelo del P. Alberione: conseguir que el hombre de nuestros días pueda vivir la experiencia de Cristo; lograr que el “foso” de los siglos pueda superarse de tal manera que Quien estuvo vivo y se volvió a aparecer vivo a nuestros padres en la fe siga siendo para nosotros el Señor vivo de nuestra vida. El P. Alberione fue un hombre que comprendió que el verdadero drama del hombre moderno radica en la dificultad de vivir la experiencia de Cristo vivo e intuyó que la urgencia fundamental es el descubrimiento de Cristo camino, verdad y vida.
Esta intuición del P. Alberione es indudablemente un don del Espíritu a la Iglesia y a toda la humanidad.

Invocaciones a Jesús Maestro

Jesús, Maestro, santifica mi mente Y aumenta mi fe.
Jesús, Maestro de la Iglesia, Atrae a todos a tu escuela.

Jesús Maestro, líbrame del error, de los pensamientos vanos y de las tinieblas eternas.

Jesús, camino entre el Padre y nosotros, te lo ofrezco todo y todo lo espero de ti.
Jesús, camino de santidad, hazme fiel discípulo tuyo.
Jesús camino, hazme perfecto como el Padre que está en los cielos.

Jesús vida, vive en mí para que yo viva en ti.
Jesús vida, no permitas que me separe de ti.

Jesús verdad, que yo sea luz del mundo.
Jesús camino, que yo sea ejemplo y modelo para los hombres.