<%@LANGUAGE="VBSCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Como Orar

TRIDUO DE PREPARACIÓN
a la solemnidad de Jesucristo, Divino Maestro

(Los textos que aquí se proponen pueden servir para una celebración paralitúrgica autónoma o bien para emplearlos a voluntad, sustituyendo algunos elementos de la celebración normal de Laudes o Vísperas).

Día Primero – Jesucristo Verdad
Vivimos hoy nuestro encuentro con Cristo Verdad, nuestro Maestro, Revelador del Padre en la Historia, anunciador del Reino, que es anuncio de la fidelidad de Dios. El conocimiento de la Verdad nos hace capaces de vivir la fidelidad en el amor y nos sitúa en lo más profundo del proyecto del Padre, que es proyecto de Vida. La vida es la Verdad. La Verdad es la fidelidad de Dios en el amor.

Himno: Cristo, eterno esplendor
Oh Cristo, tu eterno esplendor
ilumina al espíritu humano,
dispersa la noche y revela el camino
de la salvación.

Oh Jesús verdad, nuestro camino, nuestra vida.
Por ti al Padre y al Santo Espíritu sea gloria.

La voz amorosa del Padre
te proclama Maestro del mundo;
quien sigue tus pasos evita las sendas
oscuras del mal.

Enseñas con fuerza y dulzura,
es tu mismo vivir una escuela;
tu gracia confirme, en la mente del hombre,
la eterna verdad.

Tu amor nos revela el misterio
de la vida, el dolor y la muerte;
al alma que busca, le ofreces tu gracia:
la vida de Dios.

Cumplida tu hora, la Pascua,
a los hombres entregas la Iglesia
maestra infalible que guía sus pasos
por sendas de amor.


Texto bíblico: Colosenses, 1,12-20
Texto del P. Alberione: (CISP 1381)

Jesucristo es la Verdad: «En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre» (Jn 1,1.4.9). La inteligencia de Cristo es un abismo infinito. En Cristo existían cuatro clases de ciencia: divina, beatífica, infusa y adquirida. Con razón san Pablo se queda maravillado al contemplar en Cristo todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia. Plugo al Padre comunicarlos a los hijos de adopción, en la medida y en el grado que eran necesarios para su vida sobrenatural. Jesús, después de la última cena, dijo en su oración al Padre: «Yo les he comunicado (a los apóstoles) las palabras que tú me diste; y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado» (Jn 17,8). Los que le escuchaban, se quedaban admirados: «Jamás ha hablado nadie así» (Jn 7,46).

Oración
Jesús, Divino Maestro,
te adoramos como Palabra encarnada,
el enviado del Padre para enseñar a los hombres
las verdades que dan la vida.
Tú eres la verdad, la luz del mundo, el único Maestro;
sólo tú tienes palabras de vida eterna.
Te damos gracias por haber encendido en nosotros
la luz de la razón y de la fe,
y habernos llamado a la luz de la gloria.
Nos adherimos con toda nuestra mente a ti y a la Iglesia;
creemos y aceptamos cuanto por su medio nos enseñas.
Muéstranos los tesoros de tu sabiduría,
danos a conocer al Padre,
haznos auténticos discípulos tuyos.
Aumenta nuestra fe, para que lleguemos
a contemplarte eternamente en el cielo.

Para rezar juntos
Salmo 88,2-30. A la luz de la Resurrección, rezamos en este himno el amor y la fidelidad de Dios, a lo largo de nuestra vida y de todo el camino de su pueblo.
Preces espontáneas
Demos gracias al Padre que, en Cristo, nos ha dado los mejores dones: el Evangelio, la Eucaristía, la Iglesia, el Sacerdocio, el estado religioso, y a María como madre. Invoquémosle con gran confianza diciendo:
Padre de todos los dones, escúchanos.

1. Por todos los hombres: para que «comprendan que sólo Jesús es el único y verdadero Maestro, es decir, el camino, la verdad y la vida», y sigan a aquel a quien el Padre ha enviado diciendo: «Este es mi Hijo amado, escuchadlo», oremos.

2. Por la Iglesia: para que, viviendo y proclamando el misterio de Cristo en toda su plenitud, «revele al mundo la multiforme sabiduría de Dios», oremos.

3. Por los miembros de la Familia Paulina: para que vivan y promuevan la devoción al Maestro Divino como la más preciosa herencia del Fundador, que dijo: «No tengo ni oro ni plata, pero lo que tengo os doy: Jesucristo Maestro, camino, verdad y vida, su doctrina, su moral y sus medios de gracia», oremos.

4. Por los que estamos aquí reunidos: para que «conscientes de nuestra ignorancia y pobreza, nos acerquemos a la fuente de la vida y nos alimentemos de la Palabra y la Eucaristía», oremos.

Oración
Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Divino Maestro, haz que aprendamos la sublime ciencia del Evangelio, según el espíritu del apóstol san Pablo, para que hagamos discípulos suyos de todos los pueblos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie nuestros corazones y nuestros pensamientos en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Maestro.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.


Día segundo – Jesucristo Camino

Hoy vivimos nuestro encuentro con Cristo, que es nuestro Pastor, Rey-siervo por amor. Él es la Verdad para ser el Camino. Nuestra oración es una actitud de apertura, de acogida del don del Espíritu, que nos hace libres para el encuentro con el Padre, pasando por el Camino de Jesús. Es irnos introduciendo día a día en el camino del Hijo para aprender, como él, a ser Hijos (discipulado).

Himno: Cristo es el camino
Cristo es el camino, la verdad y la vida.
Caminando por los pueblos
va el Señor,
transformando los senderos
con su amor;
su palabra es salvación,
su mensaje es la liberación.
Sólo él es la vida,
es mi vida;
es horizonte de paz junto a mí;
es mi camino,
tendré con él la verdad y la vida.

Él me llama a su lado
en el altar,
me alimenta con la fuerza
de su pan;
él me ofrece su amistad,
su mensaje es la paz y hermandad.

Texto bíblico: Efesios 1,3-10
Texto del P. Alberione: (CISP 1380)

Jesucristo es el Camino. Con sus obras, con su moral, con su vida. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Jesucristo «comenzó a actuar y a enseñar»; primero actuar, luego enseñar. Su vida y su doctrina formaban un conjunto armónico y unitario, del que emanaba incesante hacia el cielo la más hermosa glorificación de Dios. La Palabra de Dios, Cristo, asumiendo nuestra naturaleza humana, quiso darnos en su persona un modelo perfectísimo de todas las virtudes: adorable designio de la divina Providencia para con el hombre. Él es el modelo supremo de toda perfección y santidad. Él es el ideal mismo de Dios: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9). Y el Padre dijo del Hijo: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo» (Mt 17,5).

Oración
Jesús, Divino Maestro,
te adoramos como al amado del Padre,
único camino para llegar a él.
Te damos gracias porque te has hecho nuestro modelo;
nos has dado ejemplo de santidad
e invitado a todos a seguir tu mismo camino.
Te contemplamos
en los diversos momentos de tu vida terrena;
dócilmente nos ponemos a tu escuela,
abrazamos todas tus enseñanzas
y rechazamos toda actitud que no sea conforme a la tuya.
Atráenos a ti, para que busquemos
únicamente tu voluntad, siguiendo tus huellas
y renunciando a nosotros mismos.
Acrecienta en nosotros la esperanza activa
y el deseo de asemejarnos a ti, para que al final de la vida
podamos poseerte por toda la eternidad.

Para rezar juntos
Salmo 22. En este salmo expresamos nuestra confianza en el Espíritu que nos «guía por el sendero justo» a la comunión con el Padre.

1. Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. Aleluya.

2. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. El que permanece en mí no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Aleluya.

3. Jesús Maestro, camino, verdad y vida, sálvanos.
Cristo, que eres la luz que brilla en las tinieblas, Señor de la vida y único camino de salvación,
haz que tu Iglesia, mientras camina hacia ti, sea fiel al espíritu del Evangelio.
4. Cristo Salvador, que por nosotros te hiciste obediente a Dios hasta la muerte, y una muerte de cruz,

5 Haz que todos los hombres participen con abundancia de la plenitud de vida que nos has comunicado.
Cristo Jesús, que has dado ejemplo de del amor hasta el extremo, para que lo que has hecho tú lo hagamos también nosotros,

Padre nuestro.
Oración

Oh Dios, Padre de la luz, que en la plenitud de los tiempos has hablado a los hombres en la persona de tu Hijo amado, concédenos, a quienes lo confesamos Maestro y Señor, seguirlo fielmente como discípulos, para que lo anunciemos al mundo como camino, verdad y vida. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Que el Dios de la paz nos consagre totalmente y nos mantenga firmes en el camino, vigilantes hasta la venida de Jesucristo, nuestro Pastor.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Día tercero – Jesucristo Vida

Celebramos hoy nuestro encuentro con Cristo Vida, que viene siempre «para que todos tengan vida...» Este encuentro es un memorial de la entrega total del Hijo que, en el Espíritu, nos hace capaces de vivir plenamente nuestro sacerdocio, de asumir, en la pobreza de nuestra condición, el sentido de servicio y de «permanecer en el amor hasta el extremo». Esta vida es una maravillosa realidad que se va realizando en nosotros en el Espíritu del Hijo y del Padre, hasta que lleguemos a la experiencia de Gálatas 2,20: «no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí».

Himno: Tú eres nuestra paz
Shalom, shalom, tú eres, Jesucristo,
nuestra paz, nuestra reconciliación.

Cristo, paz y reconciliación del hombre,
esperado de los pueblos, Salvador.
Cristo, has venido a proclamar el gozo
y la paz a los de cerca y los de lejos.
Jesús Maestro, creemos en ti, te damos gracias.
Cristo, eres el camino para el Padre,
esperanza cierta para el peregrino.
Cristo, la verdad que al Padre nos revela,
la Palabra eterna, rostro del amor.
Jesús Maestro, creemos en ti, te damos gracias.

Cristo, vida verdadera, pan del cielo,
nuestras ansias y esperanzas satisfaces;
Cristo, nuestra sed y agobio tú reparas,
agua viva para quien a ti recurre.
Jesús Maestro, creemos en ti, te damos gracias.

Cristo, buen Pastor, eterno sacerdote,
mediador entre los hombres y Dios Padre.
Cristo, meta y prenda de la gloria eterna,
alegría que jamás se apagará.
Jesús Maestro, creemos en ti, te damos gracias.

Texto bíblico: 1 Pedro 2,21-24
Texto del P. Alberione: (CISP 1383)

Jesucristo es la Vida. La gracia es una cualidad sobrenatural, inherente a nuestra alma, que nos confiere una participación física y formal, aunque análoga y accidental, de la naturaleza de Dios. Constituye la vida de Cristo en nosotros. Los efectos de la gracia santificante los describe san Pablo: «Habéis recibido no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abbá! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, también herederos, de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados» (Rm 8,15-17).


Oración
Jesús, Divino Maestro,
te adoramos como unigénito de Dios,
venido al mundo para dar a los hombres la vida
en toda su plenitud.
Te damos gracias porque, muriendo en la cruz,
nos has merecido la vida,
que nos comunicas en el bautismo,
y alimentas en la eucaristía y los demás sacramentos.
Vive en nosotros, Jesús,
por la fuerza del Espíritu Santo,
para que te amemos con toda la mente,
con todas las fuerzas y todo el corazón,
y amemos al prójimo como a nosotros mismos.
Aumenta en nosotros el amor
para que un día, resucitados a la vida gloriosa,
participemos contigo en el gozo de tu reino.

Texto bíblico: Jn 14,1-17.
O bien, el Magníficat con una de estas antífonas:

1. Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. Aleluya.

2. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. El que permanece en mí no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Aleluya.
Preces espontáneas


3. Tú eres la luz de la humanidad entera;
— infunde en todos los hombres la plenitud de tu verdad, para que todos te conozcan y te sigan.

4. Tú que nos has saciado con tu Palabra y con tu Cuerpo en la celebración eucarística, — concédenos querer lo que quiere el Padre y amar como tú has amado, para que seamos, también nosotros, palabra y alimento para los hermanos.

5. Tú eres el fundamento de la unidad y la comunión entre todos los hermanos; haz que, fieles a tu mandamiento del amor, permanezcamos siempre unidos a ti.

Padre nuestro.

Oración
Oh Dios, Padre de la luz, que en la plenitud de los tiempos has hablado a los hombres en la persona de tu Hijo amado, concédenos, a quienes lo confesamos Maestro y Señor, seguirlo fielmente como discípulos, para que lo anunciemos al mundo como camino, verdad y vida. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, nos conceda estar de acuerdo entre nosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.